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Friday, July 31, 2020

Viviendo Valencia En Fallas. Marzo De 2016

Después de un sentido adiós a mi ya querido Santiago de Compostela, que me conmovió con toda su historia, espiritualidad y misticismo, llegué esta vez por aire - en un vuelo de Ryan Air- a mi siguiente destino donde me reencontraría con Ana y Pedro y viviría la ciudad en su semana más movida del año, respondiendo a una invitación que me habían hecho cuando los visité el año anterior.(http://lavidaviajera.blogspot.com/2020/02/48-horas-en-valencia-por-primera-vez.html).

Nada más aterricé en el aeropuerto de Valencia y Ana ya me estaba esperando con una programación para los tres días siguientes, que incluyó como es habitual comida y bebida, pero también mucha tradición, que tuve la fortuna de vivir junto a ellos y a sus amigos, porque esta es una fiesta que se vive en comunidad, en toda la ciudad, pero con mucha identidad de barrio.

Lo primero que hicimos luego de deleitarme con el delicioso almuerzo de Ana, fue salir a recorrer la ciudad para ir interiorizándome en el ambiente Fallero, donde todos son bienvenidos, también  los turistas.



Las Fallas han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por Unesco, y se trata de una celebración de 19 días, entre el 1 y el 19 de marzo de cada año, que comprende diferentes hitos y etapas.



La tradición se remonta al siglo XV, cuando cada 19 de marzo, el día de San Josep, celebrando además la llegada de la primavera, los carpinteros del gremio quemaban fuera de sus talleres los atriles y los muebles que les servían para iluminar los espacios de trabajo en invierno, armando unas piras en la calle frente a cada taller. Desde esos tiempos se identificó la fiesta con la renovación y con los nuevos inicios.

Actualmente los días de fiesta comienzan con la Crida y la Despertá, que se celebra el último domingo de febrero de cada año, oportunidad en que se anuncia el inicio de las fallas, dándolas por inauguradas esa noche el mismísimo Alcalde y la Fallera Mayor en las Torres de Serrano.



Cada  15 de marzo se lleva a efecto la Plantá, que marca el inicio de la semana de más ferviente actividad en toda la ciudad. Todo empieza a media noche con la Nit del Alba, que anuncia el inicio con todo con un espectáculo de fuegos artificiales en la plaza del Ayuntamiento, al mismo tiempo que empieza el montaje de las figuras o Ninots por cada Comisión Fallera y el artista encargado.

Hay en cada barrio, varias comisiones y se levantan tanto fallas infantiles como fallas mayores, ambas cuales son calificadas y compiten por el honor del barrio y también  para salvar al Ninot Indultat, que es el único que no arde en la Cremá,  final de la fiesta que se celebra el día 19 de marzo de cada año.


Yo justamente llegué el día de la Plantá, así que pudimos pasear por cada cuadra e ir visitando las fallas, que son hermosas y coloridas. Ana y Pedro, me explicaban que aquellas figuras representan los acontecimientos más importantes del año, muchas veces en clave de sátira en especial a los políticos y también a la monarquía, pero también sirve de ocasión para despertar la sensibilidad en la población respecto de temas relevantes como la violencia de género, tópico elegido en 2016.


En nuestro deambular fallero recorrimos - pañuelo tradicional al cuello- los sectores más importantes de la ciudad en gratas caminatas, en las que aprovechamos también para ponernos al día de todo el acontecer familiar. Saliendo de casa, cruzamos los Jardines de Turia, levantados sobre el antiguo cause del río, donde sonaban los petardos y yo me fascinaba más y más, cuando me di cuenta que podía comprar petardos y estrellitas, que acá están prohibidas ...



Llegamos avanzando sólo unos pasos al hermoso Barrio El Carmen, donde nos recibió la falla  de Na Jordana, dedicada a los besos, en todas sus formas y que fue una de las ganadoras de esta versión.





Seguimos caminando y fuimos encontrando cantidad de Ninots por todas partes, tanto de los barrios, como de los gremios, como esta de los trabajadores de la radio.



Una de las más impresionantes para mi fue la falla de la Plaza del Pilar, primero por lo grande y hermosa, tenía 35 figuras de estética Rusa y también porque estaba atochadísimo de gente lo que hacía difícil poder admirarla en su totalidad, aunque se podían reconocer fácilmente a los personajes que la conformaban, del ámbito de la política y la monarquía.



Todo nuestro paseo por supuesto se iba matizando con varias invitaciones a probar todas las delicias tradicionales como los buñuelos, chocolate caliente y varios pescaditos rebosados también exquisitos, como para comer de pie rápido, y seguir paseando.



Otra tradición hermosa con la que uno se tropieza estos días son los muchos pasacalles que se ven, con banda de música y mujeres y hombres de todas las edades, incluso con guaguas en coche, vestidos de falleros, que caminan y bailan al ritmo por todos los barrios.




Una de las fallas más bonitas y grandes es la que se levanta en la plaza del Ayuntamiento, que no está en la competencia, y que ese año se dedicó a la importancia de la mujer y al arte fallero. La estatua enorme que tenía un corazón digital rojo que latía en su interior, y estaba hecha íntegramente en un material parecido a la paja y rodeada de varias representaciones de las construcciones más famosas del mundo, como la torre Eiffel, el David, y Lady Liberty.


En casa las cosas también estaban en "el ambiente";  Ana tiene mil detalles conmigo cada vez que los he visitado, y tiene de todo para alimentarme y consentirme: jamón del más rico (que es la única carne que como), buñuelos exquisitos del horno de abajo (que jamás me ha dejado pagar), juguito fresco de naranjas al desayuno y también mi pañuelo fallero. Entre las conversaciones, las caminatas, la sobremesa, las mini siestas y las ya tradicionales visitas a "vitrinear" al Corte Inglés de Nuevo Centro, combinábamos el plan tradición con el más familiar.




Lo más lindo de pasar esta fiesta en familia es poder vivirla desde dentro, Ana y Pedro me incluyeron además en sus planes de Verbena y paseos, pero también me explicaron cada uno de los ritos, las etapas y las indumentarias: el traje fallero, sus componentes, en especial el de las mujeres que incluye vestido y zapatos, joyas y peinado.




Los demás días los dedicamos a repasar algunos puntos más turísticos como el Mercado Central, con sus  hermosos vitrales y la Lotja de la Seda, cada uno también con sus respectivas fallas cercanas. Cruzamos el Barrio El Carmen y nos encontrábamos cada vez con los pasacalles, la música y los bailes.



También pude presenciar la ofrenda, que es una de las tradiciones más bonitas y queridas de esta fiesta, que tiene sede en la plaza de la virgen contigua a la catedral. Se trata  de la ofrenda floral que cada comisión fallera hace a la Virgen de los Desamparados, Patrona de la ciudad, representada en una escultura de madera enorme situada al centro de la plaza.



A medida que van llegando los y las falleras depositan a sus pies ramos de claveles rojos y blancos, que se van disponiendo en orden en el manto según el diseño correspondiente a ese año, hasta estar totalmente cubierto. Debo decir que este rito de la fiesta es de los más emotivos que me tocó ver, incluso algunos falleros se retiraban llorando del lugar, lo que hacía la experiencia más conmovedora.




Un paseo interesante también fue la visita a la Plaza Lope de Vega, que además de servir de sede a una hermosa falla, presume de contener uno de los edificios con una de las fachada más angostas de Europa. La "estrecha" como la llaman es hoy una tasca en conjunto con su piso vecino, pero sirvió como casa anteriormente, con sus solitos 107 centímetros de ancho. 


Esta plaza también me gustó mucho porque en ella también se encuentran los Turrones Ramos, donde casi enloquecí ... había todo tipo de turrones: de Alicante, Jijona y de nieve, además de exquisitos mazapanes. Ana compró varios mazapanes de regalo, pero tengo que reconocer que no llegaron a Chile. (Si llegaron a salvo todos los chorizos y los jamones, que anduve paseando tres semanas para que papá y Marce disfrutaran de ellos)

Desde ahí nos trasladamos caminando hacia Eixample, para disfrutar otra de las maravillas de Fallas, y que son como un sueño. La Falla Sueca Literat Azorín, es muy destacada y premiada por el espectáculo de luces que se monta cada año y que es impresionante, por su altura y también por su diseño; es un pasillo, con miles de ampolletas, que hacen figuras hermosas como de mandalas o arabescos... había tanta gente que no se podía avanzar muy rápido, lo que fue excelente porque nos permitió no perdernos detalle. 


La vecina Cuba Literat Azorín fue la que se llevó los premios ese año, es también es muy visitada e impresionante su diseño e iluminación. Estaba dedicada en esta versión a lo inapropiado del piropo y por eso se llamaba "Calla, canalla!"




Otro rito diario de las fallas es la Mascletá, que es un conjunto de explosiones de petardos que estallan a mediodía en los barrios. Nosotros asistimos a la de la plaza del ayuntamiento y también con ocasión de la Verbena a la que asistimos justo coincidimos con el sonoro acontecimiento.




La mascletá del centro es más multitudinaria y más grande, por lo que además es ensordecedora. A su alrededor hay varios puestos de comida y todo el mundo pasea muy animado. Este sector que también había visitado mi primera vez en la ciudad lucía distinto a la calle llena de comercio de marcas y hoteles, aunque siguen destacando sus lindos edificios estilo art decó.

 

La verbena es una fiesta comunitaria, que se monta en cada barrio y donde se celebra el contexto de fallas. Nosotros fuimos de día y de noche, y en ambas ocasiones se come, bebe y disfruta por igual. Acá Ana y Pedro se cruzaron con todos sus amigos y los hijos de sus amigos, muchos de ellos, en especial las mujeres más jóvenes luciendo el traje fallero, por lo que aproveché para preguntar en confianza todas mis dudas. 


Y algunos que amenizaba la velada ... muy simpática !



Otro sitio que no  tiene mucha relación con Fallas, pero se ha convertido en uno de mis favoritos de la ciudad es el Café de las Horas (http://www.cafedelashoras.com/), contiguo a la Plaza de la Virgen, que es un lugar con súper linda decoración y con una estética muy interesante y que además por lo que me contaron tiene una escena cultural muy variada, con lecturas, representaciones de teatro y mucha música bajo su hermoso cielo estrellado pintado en el techo.


Nos sentamos con  Pedro y Ana, su amiga María José y su marido a tomar la famosa Agua de Valencia, que está hecha de zumo de naranja, cava, vodka y gin, y que como todo cocktail suave, es sumamente engañador... y nos dejó bien contentos y entusiastas para seguir disfrutando.



Ya de regreso a casa, y previo paso por la verbena, donde había banda en vivo y  unos gin tonic, nos instalamos a la orilla de los jardines de Turia para disfrutar las alternativas de la Nit del Foc, última noche antes del gran cierre. Esta noche se montan varios espectáculos pirotécnicos en el Ayuntamiento y también en las Torres Serrano, que fueron los "castillos" que alcanzamos a ver y escuchar.

La tarde del día siguiente yo partiría en tren a Madrid y de ahí a Amsterdam, por lo que me perdería el broche de oro de las fallas: la Cremá, en la que emulando a los talleres de los carpinteros de antaño  le prenden fuego a los Ninots exhibidos en cada barrio, salvo los ganadores a los que se les indulta y se les lleva al museo.

Mis anfitriones estaban tristes porque me perdería el gran final, pero yo me quedé feliz porque en mi memoria estas hermosas figuras vivirían para siempre, y en realidad, porque me daba pena verlos arder ... aunque más pena y emoción me daba despedirme de ellos una vez más, aunque sin saberlo los vería más pronto de lo que pensaba el verano siguiente, cuando estuvimos disfrutando de unos días maravillosos de sol en el Mediterráneo, en su departamento de La Pobla de Farnals.

Me despedí de mi familia feliz y agradecida por recibirme nuevamente en casa y pasearme por la hermosa ciudad y por permitirme vivir de su mano la fiesta y esta maravillosa tradición de fuego y renovación, inmersa en la cultura, como no habría podido si no fuera por el cariño y las atenciones de mis anfitriones.

Next destination: Amsterdam !





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Llegué al Aeropuerto Rafael Nuñez, proveniente desde Bogotá, y desde ahí en taxi al Centro Histórico, donde me recibía una humedad que dejó mis rizos desgobernados de ahí en adelante.



Elegí cuidad amurallada, porque las playas de Cartagena no son lindas para nada, por lo que el gran atractivo esta maravilla está intramuros, declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 1984.



El hotel elegido, también en la ciudad amurallada fue un pequeño lujo para mi, que nunca viajo en esa onda, pero un corazón roto ameritaba un cariñito mayor: Casa San Agustín, cumplió la expectativa un 1000% (www.hotelcasasanagustin.com), desde que llegué fue todo atenciones, tiene una capacidad de organización de lujo y que la verdad no invitaba para nada a salir de allí. 

Estuve dos veces en el hotel, de ida y de regreso de Barú, 4 noches en total, mis habitaciones, ambas hermosas, con una ropa de cama exquisita, amenidades de baño italianas de Ortigia y unos pastelitos delicadísimos para darme la bienvenida.





Funciona en un edificio conformado por 3 casas del siglo XVI, y su decoración va en concordancia con la época, tiene restaurante y bar y el desayuno es muy completo (hay mimosas, especiales para romper mi regla de no tomar antes del mediodía).







El Restaurante Alma, por otra parte, también es delicioso, probé unos aperitivos, y el célebre Cartagena Vice en su terraza, al lado de la pileta, en la noche exquisito.





El área de la piscina es muy linda también, complementa perfecto el descanso, la galería contigua es especial para sentarse a leer o tomar algo, o solo conversar con la amables personas que atienden el lugar. En ese tiempo no había aun SPA, pero felices consiguieron una masajista para mi, que habilitó en la terraza del tercer piso su camilla y unas cortinas y recibí feliz mi masaje al aire libre.  




La buena atención del hotel incluía sentirse como dueño de casa, así que la ultima noche fui invitada a la fiesta de la Independencia de México que justo se celebraba en uno de los salones y a la que convocaba el mismo embajador, así que ahí de colada formal pude disfrutar de los Mariachis y del stand de José Cuervo instalados a la orilla de la piscina.




En este viaje no salí mucho a comer a restaurantes, salvo la típica parada al Hard Rock Café del lugar para comprar el pin para mi sobrino Tomy y sacar la foto a la memorabilia (es un must para él), el resto fue catar café donde pude, y arepas y frutas en los puestos de la calle, sobretodo piña en los puestos de las Palanqueras.

Como coincidí con mi amiga Pili, que estaba de viaje Romántico con Manu (hoy ya tienen a Mateito acompañándolos), así que anduve tocándoles el violin y acompañándolos en algunas comidas, y también  un par de días en Barú. 

Uno de los restaurantes que visitamos fue Candé,  (http://restaurantecande.com/), con ingredientes bien tradicionales como el pescado, arroz y leche de coco.





También en el rubro de comida, me incliné como es habitual por probar todos los dulces que pude !, lugar especial para ello, son los arcos frente a la explanada del reloj, el Portal de los Dulces, donde estaban todos, exquisitos, particularmente las cocadas y cualquiera con arequipe o guayaba.




La última noche para celebrar la despedida de esta notable vacación, me instalé en la terraza del Hotel Santa Teresa, muy bien atendido, para comer el más rico ceviche, con vino blanco, que duró frío sólo 30 segundos con el calor y la humedad.



En el rubro drinks, me gustó mucho la visita al Café del Mar, de día y de noche. El lugar está emplazado justamente en una de las torres de la muralla, con el DJ instalado, donde antes estuvo el centinela, y las mesas donde antes había baterías de defensa y cañones, permite ve en el mejor plano los atardeceres.




Otro lugar super entretenido para ir de copas, es a alguno de los bares de la Plaza Santo Domingo, que además de colorida, es muy musical, y permite vitrineo de sombreros y souvenir sin pararse de la mesa.

La plaza la preside la Iglesia de la misma orden y la Gestrudis, escultura de Botero, cuyas curvas todos admiran.


Luego del detalle sobre el comer y el beber, en cuanto a recorrerla ciudad me dediqué a caminar y disfrutar de los colores, las construcciones y de la historia del que fue el Puerto más importante de la América Colonial y sede de la inquisición en tiempos del virreinato, conservándose muy bien todos los vestigios, en clave de Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad sede de los más grandes tesoros que viajaban al viejo mundo, fue presa de varios ataques de piratas, indicando la placa de una casa que el mismísimo Francis Drake, vivió en la ciudad en 1586, en una mansión por supuesto.


La ciudad tiene varias plazas y el Parque de Bolívar que le da verde y frescor a la ciudad amurallada. Fue lindo caminar sin rumbo por el centro histórico, solo recogiendo fotos, porque se va encontrando de todo, incluso una procesión en pleno distrito comercial.



Además de mucha artesanía y arte original y replicada en cada calle.


La dinámica dentro de la ciudad amurallada era dar unos pasos fuera del hotel y ponerse a caminar,  hacia la derecha, izquierda, adelante o atrás, sirviéndome de guía el amarillo de la muralla y los campanarios y torres de las iglesias, para indicarme  por donde devolverme.






Encontré más plazas, como la de los coches, donde se emplaza además el arco del Reloj, ícono de la ciudad y el portal de los dulces, del que ya hablé. Acá funcionó en la Colonia el mercado de los esclavos


También la plaza de San Pedro Claver, de la orden Jesuita, y conocido como el patrono de los esclavos, y defensor de sus derechos en el tiempo de su explotación. 



Fuera de las plazas y de los iconos más conocidos quedaban aún las calles, cuyas casas con coloridos balcones ya eran un espectáculo en sí mismas, Las primeras plantas estabas las tiendas, algunas de ellas de súper lujo como Silvia Tcherassi, pero también algunas de mis favoritas que había conocido en Bogotá como Vélez y Mercedes Salazar.





Ya en la ciudad extramuros visité con guía gestionado por el mismo Hotel, el Castillo de San Felipe, declarado por si solo como Patrimonio de la Humanidad, cuya edificación tardó más de un siglo, y conocido como el fuerte más grande de América.




Recorrimos toda la explanada superior, y también la red de túneles hechas especialmente para desorientar a los enemigos.


Desde ahí con mi guía nos fuimos al Cerro de la Popa, punto más elevado de la ciudad, donde se emplaza el Convento de Santa Cruz de la Popa y además punto panorámico que permite una vista amplia a toda Cartagena y su mar.




Hoy funciona una capilla y también un museo, que da cuenta incluso de la presencia del mismísimo Simón Bolívar, quien habría sido huésped.



Cuenta la historia que el cerro era un lugar de adoración de los aborígenes al macho cabrío y que cuando llegaron los españoles, fue sustituida esa adoración a la Virgen de la Candelaria, quien además es hoy patrona de la ciudad.




Otro de los días que estuve en la ciudad llovió el diluvio universal, así que gestioné también con la recepción de mi hotel un taxi que me llevara al MallPlaza El Castillo, curiosamente de capitales chilenos. Me quedaba pendiente encontrar la camiseta del portero Ospina, para mi sobrino Sebastián, así que aproveché de ir de compras.  

Uno de los mejores datos que encontré fue comprar café Juan Valdés que acá es carísimo,  y en el Supermercado Jumbo lo encontré a menos de la mitad del precio.



Además aproveché de consentirme un poquito, en una pedicure express.



Una de las actividades más entretenidas de la noche Cartagenera, es la turistada de la Rumba en Chiva, a la que fuimos con Pili y Manuel, como dignos representantes Chilenos.


La chiva recorre la ciudad extramuros, con animador, música y actividades, además de brindarte un ron blanco (la verdadera colonia), con una bebida por cada dos personas, aunque en cada esquina hay vendedores que ofrecen más variedad de tragos y cigarros.


Luego de recorrer la ciudad extramuros, y hacer una parada en el Castillo de San Felipe, nos trasladamos al sector de las Bóvedas, donde previa arepa con huevito, aprovechamos de escuchar la música en vivo de las varias bandas que estaban apostadas, bailando los más animados.



Saliendo de ahí nos depositaron literalmente en una discoteca en las afueras de la ciudad amurallada, donde había derecho a un trago gratis (más colonia) y baile non stop por un rato más.

De regreso a la ciudad, caminando desde la disco, pude recoger más postales ahora a la luz de la noche. 





Otro atractivo de esta visita es isla de Barú, mi tránsito fue gestionado íntegramente por el Hotel Decameron, donde pasé 3 días 2 noches, en las ricas playas, pero MUY en estilo resort, con show y animación y todo. 

La habitación era muy espaciosa, el baño estaba todo separado, por detrás de un muro, y contaba con todas las comodidades, en especial con terracita con vista al mar.




Mis días allí pasaron soleados y tranquilos, porque más allá de la elección de mar o piscina, no hice mucho más.

El día que estuve con Pili y Manuel, fuimos al show de la noche y a bailar a la disco, disfrutando la jornada playera en extenso con unos sombreros vueltiaos que es el trago playero, por excelencia.



Los días que estuve sola, estuve en la playa todo el día, después de largos desayunos. Me dediqué a la lectura y la contemplación, porque la verdad no había nada que me llamara a moverme, así transcurrieron mis horas tomando un tono bronceado y relajado y baños relajantes en el mar caribe, lejos de mi querido, pero gélido océano pacífico. 





Desde Barú, volví a Cartagena, donde me recibieron mis favoritos de Casa San Agustín y  pude hacer mis recorridos y compras finales, especialmente en Velez, que amé, desde ahí volví a Chile a celebrar Fiestas Patrias, con el corazón recuperado, después de haberlo pasado pero tan tan bien.

Gracias Colombia !



Next destination: Estambul en año nuevo. 






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